Recuerdo vagamente que comencé a jugar al pádel
en Marbella, con mis amigos del verano, hace ya 18 años, allá por 1994. Al
principio sólo podíamos jugar allí y durante el período que duraban nuestras
vacaciones, ya que no existían pistas de pádel en ningún otro sitio de España.
Más adelante, en 1996, uno de mis amigos se compró una casa en Arturo Soria en
la que construyeron un par de pistas de pádel y a partir de ese momento pudimos
jugar todos los fines de semana. Qué gratos recuerdos.
