Vaya por delante que a mi mujer, desgraciadamente,
no le gusta el vino. Y digo desgraciadamente porque esto me impide poder tomar
vino más habitualmente, ya que no soy capaz de tomarme una botella yo solito, a
no ser que quiera terminar por los suelos. Pero poco a poco, con perseverancia,
he podido hacer que pruebe algo... y algo le ha gustado: el Viña Esmeralda y el
tinto de verano. Lógicamente hablaré del Viña Esmeralda, aunque creo que no hay
que menospreciar un tinto de verano fresquito y rico.
