Cuenta
la leyenda que cierto día del año 1670, Dom Pierre Perignon, monje ecónomo de
la Abadía Benedictina de Hautvillers próxima a Epernay en la zona de La Champagne,
se vio sorprendido en su diario quehacer por el inesperado estallido de una de
las botellas que reposaban en la cava monacal. Impresionado por tan extraño
suceso acudió de inmediato y probó el líquido vertido tal como le dictaba su
instinto de experimentado catador. Su impresión inicial se transformó en
alegría, ya que había saboreado el “vino de estrellas” como el mismo comunicó
al resto de los hermanos de la comunidad benedictina.
